Los Curtiss Hechos en Chile

Curtiss P-1 «Hawk» del Grupo de Aviación No. 1

Los modelos Hawk y Falcon destacaron como prototipos de punta de la época. Incluso algunos participaron en la Guerra del Chaco, entre Bolivia y Paraguay, y en la revolución paulista de Brasil. Sin embargo, la crisis de 1929 acabó por sepultar los sueños aéreos nacionales, que no volverían a encumbrarse.

Eran tiempos de entreguerras mundiales. Épocas de un país joven con sueños amplios. Períodos del ABC, como se denominaba al poderío sudamericano de Argentina, Brasil y Chile. Los tres países comenzaban a explorar posibilidades para fabricar aviones de guerra en sus tempranas fuerzas aéreas y así ganar predominio en cielos casi vírgenes. La carrera por convertirse en potencia de los aires estaba desatada y Chile no se quedaría atrás.

Todo comenzó con la primera compra de 18 aviones norteamericanos Curtiss Wright en 1926; una adquisición que estrechó los lazos entre el gobierno nacional y la empresa estadounidense.

A partir de gestiones realizadas por Arturo Merino Benítez, director de la escuela aeronáutica militar (y luego jefe del servicio aéreo del Ejército, el antecesor de la FACh), en 1930 se instaló en Cerrillos la primera y única fábrica de aviones que ha tenido el país.

La industria conformada por tres edificios -fábrica, hangar y zonas de pintura y barnizado- era una especie de sucursal de Curtiss Wright en Sudamérica. Fue inaugurada por el Presidente Carlos Ibáñez del Campo el 16 de octubre de 1930. Desde entonces, el objetivo de la firma era producir 50 aeroplanos por año, con la posibilidad de ampliar la producción si crecía la demanda. Estos aviones eran modelos biplaza capaces de apoyar fuerzas en tierra y dejar atrás los «aviones de tela», de 1915 y 1917, que entonces formaban la fuerza aérea chilena.

«Se mandó gente a estudiar a la fábrica Curtiss, en Estados Unidos. Ahí se formaron obreros y técnicos. La idea original era fabricar un centenar de aviones, pero no se llegó a eso», recuerda el investigador histórico aeronáutico Eduardo Werner, quien se ha dedicado a buscar detalles de la corta industria aeronáutica chilena. De la fábrica original, ubicada en Buffalo (Nueva York), también vinieron 15 personas, entre ingenieros y técnicos, para la instalación de la fábrica chilena.

Se alcanzaron a construir dos modelos: 20 Falcon (de reconocimiento y ataque) y cazas Hawk. Asimismo, hay antecedentes del modelo anfibio Loening C4C y el biplano Curtiss-Reid, según consta en una investigación publicada en el boletín del Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio.

En ellos participaron más de 100 funcionarios, entre los cuales se incluía a mujeres encargadas de las costuras de las telas de las alas.

En Cerrillos, los obreros lograron fabricar aviones que mantuvieron su vigencia hasta fines de la década. Según Werner, hay registros de su operación en las pistas de El Bosque, Los Cóndores de Iquique, Temuco, Puerto Montt y Punta Arenas. Incluso, existen antecedentes de 10 modelos que participaron en la rebelión del estado de São Paulo contra Brasil, en 1931. Fue en este viaje cuando uno de los aeroplanos se estrelló luego del cruce de Los Andes. Otro se vio obligado a aterrizar en Paraguay, donde fue confiscado por volar sin autorización por ese país, según la acusación. Más adelante, la aeronave participaría por ese país en la Guerra del Chaco contra Bolivia.

Curtiss D-12 «Falcon» construido en Chile, el cual fue incautado en Paraguay. Posteriormente participó de la «Guerra del Chaco.» (Foto: Antonio Sapienza.)

Pero pese a que la fábrica llegaba a una velocidad crucero, su aterrizaje forzoso no se haría esperar y se concretaría en 1932 -a solo dos años de abrir la industria-, debido a los efectos de la crisis mundial de 1929. «Eso impidió tener los presupuestos necesarios y adecuados y terminó por desestabilizar el esquema político y social. Cualquier proyecto de largo alcance fue inviable», remarca Werner.

¿Es posible encontrar algún avión chileno? Werner dice que es difícil. En la época no existía la cultura del patrimonio y la conservación que propicia mantener estas reliquias. Sin embargo, los vestigios de la fábrica, ubicados a unos metros del museo aeronáutico de Cerrillos, se mantienen en pie y, por casi 86 años, han albergado los talleres de LAN, la FACh e, incluso, la FIDAE.

Éste artículo apareció originalmente en el diario Chileno «El Mercurio» en Diciembre de 2016.

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